
El artículo analiza cómo realizar una etnografía feminista mediante metodologías colaborativas que reconozcan los privilegios y vulnerabilidades de las investigadoras en entornos de violencia patriarcal. Presenta tres estudios de caso —mujeres indígenas víctimas de violencia sexual, mujeres en reclusión y familiares de personas desaparecidas— para reflexionar sobre la ética del cuidado y un enfoque descolonial. Cuestiona la visión tradicional del trabajo de campo como rito de paso masculinista y propone la coproducción del conocimiento con los sujetos investigados. Finalmente, aboga por formas alternativas de escritura etnográfica que visibilicen las voces y resistencias de las mujeres en contextos extremos.







